Àngel

Date : April 17, 2018

Mi padre era soriano. Cada año íbamos dos veces al pequeño y entrañable pueblo de la meseta donde nació. Largos pinares, aire puro, casas antiguas, grandes recuerdos. Murió en Catalunya, pero lo enterramos en Soria porque siempre siguió amando su tierra y sintiéndose soriano, antes incluso que español.
Se casó con una “medio” catalana, pero yo nací en Barcelona. Siempre hablé castellano en la escuela y en la calle. Únicamente hablaba catalán con mi madre, mis tíos y mi abuela, y como si fuera algo prohibido, “en la intimidad” como diría Aznar.
No se tocaba el tema de la historia, no se hablaba de política.
Un día estudiando el tema de los Reyes Católicos para un examen, en un libro franquista, descubrí que ni Isabel, ni Fernando, siguieron la línea hereditaria que correspondía a una monarquía. Empecé a interesarme sobre el tema de la historia y de las intrigas palaciegas. Descubrí que pasaron muchas civilizaciones por Catalunya, que todas dejaron su huella y los catalanes supieron sacar partido de todas, pero haciendo crecer la propia.
Mi padre, aunque franquista al principio, fue cambiando de parecer. Y nunca fue monárquico.
Él estaba agradecido a Catalunya, aunque nunca habló catalán, no lo necesitó. Y con los años se dio cuenta de que Franco había sido un asesino.
Me considero una persona crítica y autodidacta, así que busqué datos por mi cuenta. Nunca fue adoctrinamiento catalán el que viví, sinó adoctrinamiento franquista. Teníamos una asignatura llamada “Formación del espíritu nacional”, que sí era verdadero adoctrinamiento, pero sencillamente, no pudo, ni podrá nunca, con el razonamiento y la realidad.
Como muchos “charnegos”, cosa que no me molesta que me llamen porque lo soy, sentía lazos aquí y allí. De hecho todavía los siento, de una forma anónima, con todos los españoles realmente avanzados y democráticos, que desgraciadamente son pocos para poder dar el cambio que hace falta. Aprovecho para invitarles a venir a la república catalana, porque la conseguiremos antes de que ellos consigan la española.
Los catalanes somos gente de paz, pero gente exigente consigo misma y por consiguiente, con los demás. Porque nos gusta hacer las cosas bien. Esas “cosas” de que habla Rajoy, alguien que no se ha preocupado por conocernos.
Pensé que casi estábamos integrados cuando Zapatero intentó acercarse a los problemas de mi tierra. Pero fue abducido por su propio partido y ya muchos sabemos que para ganar votos en España, lo mejor es ir contra los catalanes. Porque para entender que trabajadores y gente de “a pié” vote a un partido corrupto como el PP o de ultraderecha como Ciudadanos, solo hay que ver que el denominador común es ese “a por éllos”. Esa envidia mala que se siente hacia un pueblo que no hace, ni piensa como los demás, sencillamente porque es diferente y mucho más educado en democracia y porque tiene su propia historia.
La deriva del PSOE (a quien yo votaba) hacia la derecha, ha hecho crecer y crecer el deseo de separación. Y se vio la luz un 11 de Setiembre, cuando por primera vez una gran cantidad de catalanes, que llevaban en secreto su íntimo deseo de sentirse liberados, salieron a la calle a pedir independencia. Era posible? Pués sí. Lo es. El camino de la no-violencia allí nos llevará.
No hay políticos huídos. Todos sabemos donde están. Personalmente me han devuelto la confianza en la clase política por su valentía y su determinación. Lo que hay es mucha dignidad por levantar la cara una y otra vez ante todas las mentiras, manipulaciones, tretas y desprecios que recibimos. Llevamos el lazo amarillo porque los presos que están en Madrid, son presos políticos.
Y sobre la cantinela de la obediencia a la ley. Como si la ley fuera perfecta. Como si la ley no tuviera que cambiar nunca, ni adaptarse a nuevos momentos históricos. La ley que ahoga, que no da opción a plantearse un cambio. Una ley así es una dictadura y como decía Gandhi, “si la ley es injusta, lo justo es desobedecerla”.
El derecho histórico de Catalunya como nación fue arrebatado por la fuerza en varias ocadiones, como ahora mismo se quiere arrebatar por la fuerza de unas acusaciones falsas, el derecho a decidir nuestro futuro. Pero no podrán. La república independiente catalana no va a ser nada malo para nadie que viva en, o fuera de Catalunya. Y con los años será espejo para que nazca una nueva España moderna y progresista. Pero no se nos puede pedir más paciencia, ni más tiempo. No tengáis miedo al cambio. Será para mejor.


 

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