Ferran Pinyola

Date : January 17, 2018

1. Todos mis abuelos eran catalanes, y también sus abuelos. 8 apellidos catalanes. Pero en mi casa siempre me enseñaron que los Martínez o Pérez eran tan catalanes como yo, que es catalán quien vive y trabaja aquí y que así se había construido Catalunya

2. Hice toda la escolarización en castellano, salvo la clase de Catalán. Mis amigos eran mitad castellano-hablantes que nunca hablaban catalán, mitad catalano-hablantes, que combinaban los dos idiomas según era su interlocutor. Hablaba castellano con unos y catalán con otros.
3. En la edad del pavo algunos de mis amigos llevaban la bandera española en el reloj, y otros nos pintábamos la estelada
en el interior de la libreta. Nos llevábamos bien, aunque discrepábamos políticamente.4. Mi madre que siempre me había hablado en catalán fue a clases para aprenderlo a escribir bien. Era la época de la Norma, “El Català, cosa de tots”, el “Som 6 milions” y el “En Català, si us plau”. Ella participó en alguna campaña de concienciación.

5. Nací cuando Franco vivía y he ido a todas las manis del 11 de septiembre. Las primeras eran muy bonitas, reivindicativas, catalanistas, identitarias. En casa eramos catalanistas con ramalazos independentistas aunque no creíamos que veríamos una Catalunya independiente.

6. Iba a un Esplai, donde todo el mundo hablaba catalán y había un sentimiento catalanista generalizado. Eran mi entorno más habitual. Con mis amigos íbamos a las manis independentistas. En una de ellas hasta me llevé un porrazo. Era normal.

7. Las manifestaciones eran cada vez menos numerosas. De hecho, conforme nos alejábamos del Franquismo, las manifestaciones iban perdiendo fuerza y ganando en división. Cada vez tenían menos sentido. Los que habían ido juntos ahora iban separados y cada vez más enfrentados.

8. De pequeño había acompañado a mi madre que se movía por barrios de mucha inmigración y descubría una realidad distinta a la mía. No hablaban catalán. Ella iba allí a ayudar a integrarlos en la sociedad catalana. Mi madre les conectaba a una Catalunya a la que no tenían acceso.

9. Yo me sentía muy diferente de esos catalanes, y pensaba en la suerte que tenía. Ellos lo tendrían muy difícil para salir de donde estaban y cambiar su realidad, por mucho que mi madre lo intentara. Yo era su hijo, pero ellos sólo contaban con su ayuda de vez en cuando.

10. Ella siempre me decía que Catalunya sería importante cuando aquella gente se sintiera tan catalana como nosotros, aunque nunca hablasen catalán. Habían dejado sus pueblos, y ahora lo importante era que amaran esta tierra. Y también que esta tierra les amara a ellos.

11. Por debajo subían generaciones fruto de la inmersión lingüística. Apareció TV3, y se empezó a normalizar la escolarización en catalán. En esos barrios las cosas empezaban a cambiar. La línea que separaba dos sociedades se empezaba a desdibujar.

12. Aquellos nous catalans ahora podían hablar catalan, y ya no se distinguían al primer saludo. Tenían más oportunidades de trabajo. La sociedad se empezaba a mezclar. En el trabajo podían usar el catalán como yo podía utilizar el castellano.

13. Un día tuvimos un President de la Generalitat andaluz. Mi abuela se horrorizó pero yo le dije que esto era lo que había estado intentando mi madre toda su vida, así que demostraba algo muy bueno. La sociedad era mucho más homogénea que la que me vio nacer.

14. Vi a ese President defender el Estatut y las instituciones catalanas. Empecé a escuchar castellano en las manifestaciones. La cosa ya no iba de identidades, ahora se trataba de defender una idea de sociedad, un modo de entender las cosas, de respetar y de ser respetado.

15. En esas manis no se oían gritos contra España. No eran contra nada ni nadie, sino a favor de un pueblo, de una sociedad por fin madura. Antiguos indepes, no-indepes y no-catalanistas, todos juntos gritando a favor de la libertad, la democracia y las instituciones catalanas.

16. Hemos madurado todos, los unos y los otros. Y entre todos, sin importar los apellidos, tenemos que hacer una sociedad justa, en la que todos contemos, y en la que todos queramos contribuir. Que nadie se sienta excluido, però que nadie se excluya a sí mismo. Todos contamos.

17. Si todos participamos haremos una buena , la de todos nosotros. Para eso aún falta que muchos sientan que todo esto va con ellos. De ellos depende, y también de nosotros, que se lo tenemos que hacer ver.

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