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Date : January 11, 2018

Hola, soy José, hijo de L’H y de padres andaluces emigrados en los 60 por culpa del caciquismo de siglos de antiguedad así como de la miseria añadida por franquismo y clero, todo eso que mis ex convecinos del extrarradio barcelonés han olvidado.
Hace 6 meses no era independentista. Las identidades y banderas no eran mi prioridad, ni la senyera, ni la rojigualda ni la de la UE. Siempre he sido de izquierdas y las injusticias sociales mi única motivación política ICV, Podemos, etc. Hace tres años cambié de residencia y de pareja; mi compañero, de 7 apellidos cat y con una minusvalía visual importante acude a concentraciones y manis pro-rep, yo le acompaño más por preocupación de que no se mueva solo entre multitudes que por convencimiento. Empiezo a ver y a escuchar, veo que esto va más allá De una identidad nacional, veo ingentes cantidades de personas de todas las clases sociales y orígenes ilusionadas con la posibilidad de crear una sociedad nueva y mejor, veo alegría, veo pacifismo, veo gente culta y amable, veo que me apetece comprometerme. Veo un Estado que me amenaza y me advierte que no puedo votar. Veo mucha inocencia independentista y eso me inquieta. Soy de los pocos que piensan que no será fácil y que existen muchas posibilidades de que acabe mal pero quiero intentarlo, quiero formar parte.
Llega el 1O, termino mi guardia en el hospital y voy a votar sin dormir, iluso de mí, pensando en terminar pronto y acostarme porque esa noche vuelvo a trabajar. Largas colas, ilusión, buen rollo, sistema informático caído, hay que esperar. Estamos dentro del Ayuntamiento,
Las salidas bloqueadas por la muchedumbre, llegan las primeras noticias de hostias policiales en los pueblos de arriba, nos hacemos a un lado para que los ancianos pasen primero y se marchen, mezcla de cansancio, miedo, indignación y también orgullo. La alcaldesa ordena cerrar puertas, quedo dentro del Ayuntamiento con mi novio casi invidente y gente de todas las edades. Sufro por él y de cómo podré defenderle si llega la polícia. Se arregla el sistema, votamos, abren puertas, calles bloqueadas por coches por si llega la policia, todo el pueblo en la calle. El burgués, el parado, la abuela y la adolescente, la alcaldesa y el de la tienda de chuches, el inmigrante de otra raza y el del pueblo de toda la vida; todos protegiendo el Ayuntamiento….y sientes orgullo, orgullo de pueblo, orgullo de país y es emocionante.
Convenzo a mi pareja de irnos a casa, he de dormir, no puedo más. Aguanta cinco minutos, se marcha de nuevo al Ayuntamiento y yo detrás por si hay violencia, dudo que hubiesen respetado a una persona con bastón de invidente. Al final no vienen, nuestro pueblo tiene  un trazado peculiar y hubiera sido una ratonera tb para la policía, creo que eso nos salvó. Al final no dormí y me fuí de nuevo a trabajar, mucho café y mucha cocacola esa noche. Nunca olvidaré el 1O.

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